En el mar (y desde el mar),
la vida es más sabrosa

Como pescadores deportivos, el mar siempre ha sido mucho más que un paisaje. Es un espacio de encuentro, de aventura y de aprendizaje. Son horas de soledad contemplando el vaivén de las olas y el horizonte infinito; viendo caer el sol, que como la vida misma parece despedirse cada tarde para volver a levantarse al amanecer. Son los cafés después de la jornada, las conversaciones sobre la arena, el calor de una fogata y las historias compartidas entre viejos amigos y compañeros de pesca.

Durante años recorrimos las costas del Pacífico peruano buscando buenas playas. Encontrar buena pesca nunca es cuestión de suerte. Requiere paciencia y observación. Hay que aprender a leer el viento, entender las corrientes y el oleaje, interpretar la luna y las mareas, conocer el comportamiento de las especies, distinguir los colores del agua y descubrir esos pequeños detalles que solo el mar revela a quien vuelve una y otra vez. Cada salida deja una enseñanza. Allí comprendimos que el océano no solo ofrece alimento: también enseña paciencia, respeto, humildad y una profunda admiración por la naturaleza.

De esa pasión nació La Picada Cebichería.

En el año 2014, mientras guardábamos y limpiábamos nuestras cañas en una playa casi desierta de Ocucaje, apareció una idea que cambiaría nuestras vidas.

Rodrigo Pastor y Marcelo Abusada ya tenían varios años dedicados a la gastronomía. Marcelo había crecido escuchando las historias de su padre, pescador en el puerto de Mollendo, quien regresaba a casa con enormes lenguados y el orgullo de ganarse la vida en el mar. De niño había aprendido de él los primeros secretos de la pesca, pero con el paso de los años esos recuerdos quedaron dormidos.

Rodrigo, por su parte, aprendió a caminar casi al mismo tiempo que a cocinar. La gastronomía y la pesca siempre fueron dos pasiones inseparables en su vida. Cuando ambos comenzaron a compartir jornadas de pesca, Rodrigo no solo ayudó a Marcelo a perfeccionar su técnica: lo ayudó a recordar aquello que su padre ya le había enseñado cuando era niño. Cada amanecer frente al océano, cada lance, cada captura y cada conversación fueron despertando recuerdos que parecían olvidados. Marcelo volvió a encontrarse con esa parte de su historia que el tiempo había dejado en silencio.

Entre viajes por carretera, fogatas sobre la arena, largas conversaciones y tardes frente al inmenso mar peruano comprendieron que aquello que estaban viviendo merecía ser compartido. No solo el pescado fresco, sino también la amistad, la tranquilidad, el respeto y el profundo amor por el mar que nace cuando uno aprende a conocerlo y a admirarlo.

Después llegaron las reuniones, una parrilla de por medio, algunos chilcanos y muchas ideas. Finalmente, en el año 2015, ese sueño abrió sus puertas bajo el nombre de La Picada Cebichería.

Desde entonces, nuestro propósito nunca ha sido únicamente servir buena comida marina. Queremos rendir homenaje a la extraordinaria riqueza del mar peruano, uno de los más generosos y biodiversos del planeta, y compartir con cada persona que cruza esta puerta un poco de esa paz y esa forma de vivir que solo el mar sabe regalar.

Porque la mejor cocina comienza mucho antes de llegar a la mesa.

Empieza en el océano, con quienes zarpan de madrugada en una bolichera, en una chalana o en una pequeña embarcación artesanal. Continúa con los marisqueros que desafían el frío y la fuerza de las olas, chinguillo a la cintura y aferrados a las peñas para extraer los tesoros que esconden nuestras costas. Sigue con los cordeleros, los pescadores de caña, los buzos y los pescadores artesanales, herederos de conocimientos transmitidos de generación en generación.

También comienza en el respeto por las temporadas, las vedas y el cuidado responsable de los recursos marinos. Entendemos que disfrutar del mar implica también protegerlo, porque solo cuidándolo podremos seguir recibiendo sus frutos.

Cada pescado, cada marisco y cada receta representan un patrimonio natural, cultural y gastronómico que merece ser recibido con gratitud y servido con respeto.

Y en ese mismo mar descansan también los restos del Miguel Grau y de tantos héroes que entregaron su vida por el Perú. El océano es alimento y trabajo; es memoria y esperanza; es origen y destino. Es vida.

Esa conexión es la que buscamos transmitir en cada plato que sale de nuestra cocina.

En La Picada Cebichería celebramos la amistad que nace entre quienes comparten una jornada de pesca, la alegría de reunirse alrededor de una buena mesa y el inmenso privilegio de formar parte de un país bendecido por la riqueza incomparable de su litoral y de su mar.

Sean todos bienvenidos a La Picada Cebichería.

Esta es una casa construida por amigos.

Por pescadores deportivos.

Por cocineros.

Y, sobre todo, por personas profundamente enamoradas del mar.

Porque creemos, con absoluta convicción, que en el mar, y desde el mar, la vida es más sabrosa.